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Como veo Godoy

Por José Cárdenas
Viernes 17 de diciembre de 2010




Julio César es un desaforado. De la clandestinidad vino. A la clandestinidad volvió. ¿Pasará las fiestas con La Familia?

El diputado “relámpago” caducó a los 82 días. No aguantó más. Testigos protegidos y otros que no lo son lo acusan de realizar operaciones con recursos de procedencia ilícita, evasión fiscal y vínculos con el crimen organizado. Delitos graves. La PGR aguarda que el juez gire otra orden de aprehensión. ¿Ya le tienen celda en el penal de El Rincón?

El Julio César michoacano no podrá decir como el romano: “Vini, vidi, vinci”. Hará una paráfrasis dolorosa y dirá: “Vini, vidi y me rompieron el hocico”. Eso sí.

Pero como no sabemos dónde está, debemos suponer cierta aquella frase del estratega romano cuando dijo en la ribera del Rubicón: Alea jacta est, o sea, la suerte ya fue echada, y a ver de a cómo nos toca. Por cierto, al conquistador de las Galias, su hijo putativo, Bruto, le metió una daga por la espalda. A este pobre ahijado de La Tuta, su medio hermano le hundió la faca. Lo condenó antes que la justicia. “Mi hermano es un ilegal, mi hermano mintió, mi hermano está fuera de la ley”. Olvidó el principio universal de la presunción de inocencia. Leonel abusó y eso que es maestro en Derecho. Mejor hubiera dicho “Condénate tú para que me salve yo”.

¿Dónde está Julio César? Nadie sabe. Quizá lo hallen ahí donde ha quedado el prestigio del PRD, o allá donde van a ir a dar los restos políticos de Acosta Naranjo, Encinas, Mari Thelma Guajardo y Narro Céspedes, los contrabandistas vergonzantes por cuya habilidosa operación El JC logró consagrarse como protagonista de uno de los sainetes más bochornosos de la izquierda.

¿Y todo para qué? Para darle al “Michoacanazo un sentido del cual carecía. La embestida del gobierno logró la veloz instalación de una sección instructora que hizo lo necesario para despojar al efímero legislador del fuero que lo protegía contra cualquier proceso judicial. De ahí al fondo del pozo o a la fuga o al escondite.

Si Godoy Toscano es culpable de algo es de haber colocado a su partido en el ridículo. El único congruente ha sido el lépero de Fernández Noroña: “No puede ser que primero lo protejamos, lo metamos de contrabando y luego digamos ‘júzguenlo’”.

Guste o no, Julio César es inocente hasta en tanto no se le pruebe la culpabilidad. Aunque su desaparición aporte las evidencias de ella.

EL MONJE LOCO. Carlos Salinas habla del futuro, pero es emisario del pasado. ¿Su estatura es tan chaparra como la de sus enemigos? ¿Qué no los tiene más grandes?





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Código azul (y más de Diego)

Por José Cárdenas
Viernes 03 de diciembre de 2010



Para algunos, la era de Acción Nacional en la presidencia ha sido la “década perdida”. La otra “decena trágica”. Hay saldos positivos, claro. Sin embargo sobresalen las deficiencias: no se ha logrado la reforma política que fortalezca la vida democrática. El gobierno panista tiene que construir sobre los cimientos del viejo sistema. Los vicios y costumbres prevalecen por encima de la ley: corrupción, impunidad, negligencia, novatez, inseguridad. Todos, factores clave del Estado fallido.

Los panistas están en la antesala de la derrota. En diez años de “no poder”, han perdido credibilidad y prestigio. Al Presidente le han ganado las ganas de mantener el control político de su partido. Sume usted las diatribas contra el PRI. El temor por un “regreso a lo antiguo, lo autoritario y lo irresponsable...”. La referencia es obvia. Tanto como la respuesta: "Calderón no merece ser Presidente. No está actuando como jefe de Estado. Quiere gobernar para su partido y no para todos”. Se rompe la taza. Consulta Mitofsky dice que @FelipeCalderon está en su peor momento. Que en un año ha perdido entre cinco y ocho puntos de aprobación. Igual estuvo Fox. Hay pesimismo. Tres de cuatro piensan que estamos peor que hace un año. Ocho de diez, que la inseguridad es insufrible.

En tal contexto, el PAN elige mañana nueva dirigencia. Quizá otro destino. Se busca revertir el camino al desastre. De modo inédito juegan cinco aspirantes; dos son mujeres. La pelea es dispareja. Todos creen que son iguales, pero hay dos que son más iguales que otros. Gustavo Madero que está a favor de las alianzas y Roberto Gil Zuarth, que dice lo que diga el señor Presidente. El ganador se sacará al tigre de la rifa. Tendrá que pegar pedazos, pasar la aduana electoral del Estado de México, el trago amargo de 2012. Consejeros acusan presión de Los Pinos a favor de Gil Zuarth. Los resentidos van con Madero. Francisco Ramírez Acuña pinta poco. Menos Cecilia Romero. Por cuota de género, Judith Díaz podría ser secretaria general. Quien resulte electo necesita 254 votos; tres cuartas partes de los 381 consejeros nacionales.

En medicina, un código azul es el procedimiento en caso de arresto cardiaco. Los policías de los Estados Unidos llaman así al silencio ante los delitos de los compañeros. En México, podríamos tener un código azul este fin de semana. Falta ver qué tan azul.


EL MONJE LOCO:

Insisto: el final del secuestro de Diego Fernández de Cevallos está muy cerca. El momento actual es crucial. De buena fuente le digo que cuando regrese Diego Fernández estallará el polvorín. Eso nadie lo controlará. Será el momento de las explicaciones. Ahora, lo primero es primero. Falsedades y rumores van y vienen. El morbo alimenta especulaciones. ¿Por qué la familia no sale a negarlas? ¿Negar es dar información? ¿Los medios y los informadores merecemos reclamo alguno? Cada cual hace lo que debe y puede. Éste no es momento de agravar la situación. El secuestro de Diego se ha convertido en un espectáculo informativo deleznable. Hay mezquindad. Mucha. Pareciera que el motivo ulterior es algo más que el dinero. ¿Será?






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Diego y la verdad sospechosa

Por José Cárdenas
Martes 30 de noviembre de 2010



El sábado 27, a las 4:16 de la mañana difundí en Twitter: “Diego, Libre y Sano”. A las 4:24: “Confirmado: Diego está sano y salvo”. No lo inventé. Usé un mensaje publicado a las 3:52 en el sitio web de EL UNIVERSAL. El diario citaba como fuente a un sobrino del político. Creo en mi periódico. No confirmé la nota. En el acelere escribí, a las 4:30: “Diego, ya nos contarás cómo es el infierno”. Pero algo no me latió. Ningún otro portal periodístico había seguido la nota.
¿Mezquindad? A las 5:20 de la mañana logré contactar con mi “fuente”. La más confiable. La misma que en seis meses nunca me ha mentido. La pregunta fue puntual: ¿Está libre El Jefe? Única respuesta, un monosílabo. Por ello inmediatamente escribí a las 5:22: “Falso... Diego no ha sido liberado”, y reiteré: “Por desgracia la información es falsa. Diego sigue secuestrado”. Fui el primero en aclararlo. Hasta ahora nadie ha desmentido lo informado por mi fuente. Soy honesto, no modesto.

Me queda claro: hay intereses turbios. Mordí el anzuelo. Al final la verdad siempre será sospechosa. Unos destaparán a los otros. ¿Qué intereses hay detrás para que “alguien” filtre “algo” que no es cierto? ¿A quién no le conviene que El Jefe regrese vivo?

Mi fuente precisa que este es un momento “delicadísimo” de la negociación. Que ya habrá momento de explicaciones. Ahora la prioridad es: lograr la libertad de Diego. El secuestro cumple 200 días. Ha sido una dura prueba para familia, amigos, Estado, sociedad y medios.

Esa madrugada de sábado se rompió otro dique. Ahora, ni modo, a tragar camote. A aguantar vara, mientras suena una rapsodia para el funeral de mi credibilidad. Parece que le urge a varios. Vengan, pues, las mentadas. Tuve un error de principiante. Jugué al diletante del twiteo. Primero incumplí las reglas de mi oficio. Cuando enmendé el error, el daño estaba hecho. ¿Cuál fue la ganancia? Ninguna. Me queda bien grabado un onceavo mandamiento del oficio: no twitearás la revelación de tu prójimo. Gracias a los predicadores de la virtud por recordármelo.

EL MONJE LOCO: Onésimo no es cura, es enfermedad. El domingo dijo en misa: “Me di cuenta que podía morir, que soy mortal y que estuve a punto de que me cafetearan”. Pero no se resigna. El jueves ya estaba de regreso con los tequilas, el chicharrón y las carnitas. El viernes comió sabroso en la Torre de Castilla. Se le veía risueño. Alternaba con Jaime Matute, su cómplice en el fraude contra Olga Azcárraga. Las abundantes viandas de la cocina española iban acompañadas con Casillero del Diablo (vino tinto). Se ve que al señor obispo no le preocupa su corazón de piedra que a veces da sustos. Tampoco la orden de aprehensión. Ni las esposas. Porque, según él, hasta la muerte se la persigna.




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